El próximo día 6 de Abril a las 12,00 horas tendrá lugar el Pregón de la Semana Santa Asidonense 2014 en el teatro Miguel Miura de la localidad. Este año, el pregón estará a cargo de nuestro hermano Rafael Ariza Periñan
martes, 11 de marzo de 2014
Cartel anunciador de la Semana Santa 2014
El Miércoles de Ceniza, tras la eucaristía se procedió a la presentación del cartel anunciador de la Semana Santa Asidonense 2014. La foto es obra de Antonio José Candón Herrera, fotógrafo de la localidad y fue tomada durante la primera Estación de Penitencia que nuestra Cofradía realizó en la Parroquia de Santa María la Coronada, el Lunes Santo de la Semana Santa 2013.Desde estas líneas queremos felicitar a Antonio José (Tote) por esa magnífica fotografía.
martes, 4 de marzo de 2014
CABILDO GENERAL ORDINARIO DE HERMANOS
Este viernes, día 7 de Marzo, tras la Solemne Función y Besapie en honor a nuestro Titular, tendrá lugar como cada año el cabildo general ordinario de hermanos a las 20:00 horas en primera convocatoria y a las 20:15 en segunda convocatoria. Se ruega la asistencia de todos los hermanos con derecho a voto; es decir, que tengan cumplidos los 18 años y cuenten con una antigüedad de al menos un año como hermano de la Cofradía. El orden del día será el siguiente:
1. Lectura y aprobación si procede de las cuentas correspondientes al ejercicio 2013
2. Lectura y aprobación si procede de la memoria de actividades del ejercicio 2013
3. Proyectos y actividades para 2014
4. Ruegos y preguntas
Contamos con vuestra asistencia...no faltéis!
miércoles, 26 de febrero de 2014
sábado, 8 de febrero de 2014
¿Hermandad o Cofradía ?
¿Cuántas veces se ha venido a especificar que una Hermandad no es sinónimo de Cofradía? Sin embargo no hay referencias ni semánticas, lingüísticas o a ojos canónicos entre ambas acepciones. Y digo esto porque ni el Diccionario, ni el Derecho Canónico, los recoge así. Sin embargo, no es menos cierto que no siempre fue así, y que hasta 1983 Hermandad y Cofradía no eran la misma cosa. Sin ir más lejos, el Código que desde 1917 a 1983 estuvo en vigor, aclaraba este punto de una manera contundente. En concreto hemos de irnos al canon 707 del anterior Código. Contempla tres tipos de asociaciones de fieles, las órdenes terceras (dentro de una orden y para promover un tipo de vida más perfecta), las pías uniones (o Hermandades, destinadas a las obras de piedad y caridad) y lasCofradías (para el incremento del Culto Público). Lo dice así:
Can. 707. § 1. Associationes fidelium quae ad exercitium alicuius operis pietatis aut caritatis erectae sunt, nomine veniunt piarum unionum; quae, si ad modum organici corporis sint constitutae, sodalitia audiunt.
§ 2. Sodalitia vero in incrementum quoque publici cultus erecta, speciali nomine confraternitates appellantur.
La diferencia queda más que clara. Las Hermandades se constituían para el ejercicio de la caridad y las Cofradías para dar testimonio de fe. Esto ha de recordarnos que en el Concilio de Trento, preocupó y mucho este punto y que se impulsó la religiosidad popular, de manera que los fines reales de las “confraternizaciones” de fieles, no era otro que contrarrestar a la reforma protestante y conquistar la devoción del pueblo. ¿Eso implica que el Derecho Canónico de 1917 no obligara a la caridad a las Cofradías? Claro que no, es un precepto contemplado por cualquier cristiano, sólo que el fin primero y primordial de una Cofradía, era procesionar. ¿Y hoy día? El Concilio Vaticano II huye de la religiosidad popular, pretende cercenar la tradición conquistadora de la calle, camaleónicamente pretendió que nuestra fe la viviéramos en casa y en la Iglesia. Todo esto dicho de una manera muy general, por supuesto, y teniendo en cuenta que no está escrito en ningún lado...
Tras el Concilio y con el nuevo Código, Hermandad y Cofradía se equiparaban. La finalidad de ambos términos era idéntica, como su significado. Pero entonces, herencia de tantos años, se puso de moda por parte de algunos (error que muchos medios de comunicación repiten sin reflexionar al respecto), llamar vulgarmente a las cofradías hermandades, y reservar su nombre correcto para el cortejo procesional, sin que medie una base histórica ni jurídica que avale tal diferencia. A partir de los años 50 del siglo XX algunas colaboraciones literarias abundaban en la necesidad de precisar entre Hermandad y Cofradía. Porque en efecto, sí que eran hasta 1983, algo distinto. Tantos años pensando así, considerándolas cosas independientes, derivó en la actual equivocación que las trata por separado cuando llevamos 30 años sabiendo que son términos homólogos y homónimos. Ahora bien, el debate que ahora plantearíamos es otro: ¿debe la Iglesia volver a potenciar la práctica evangélica y la función didáctico/catequética de las Cofradías como su fin primordial y por el que se fundaron?
sábado, 11 de enero de 2014
EL BAUTISMO DEL SEÑOR, FIESTA CON LA QUE PONEMOS FIN AL TIEMPO DENAVIDAD
El tiempo de Navidad termina con la fiesta del Bautismo del Señor. “Bautizar”
significa “sumergir”, “introducir dentro del agua”. Con su Bautismo, Jesús lleva a
cabo esta “inmersión”, que anticipa su muerte en la cruz, y se deja contar entre los
pecadores para darnos, a los pecadores, un nuevo comienzo por el agua y el
Espíritu Santo: “Dios ha querido salvarnos yendo él mismo hasta el fondo del
abismo de la muerte, con el fin de que todo hombre, incluso el que ha caído tan
bajo que ya no ve el cielo, pueda encontrar la mano de Dios a la cual asirse a fin de
subir desde las tinieblas y volver a ver la luz para la que ha sido creado” (Benedicto
XVI, 13.1.2008).
Los signos prodigiosos que acompañan el Bautismo de Jesús en el Jordán manifiestan el misterio del nuevo Bautismo. El cielo, que el pecado de Adán había cerrado, se abre, porque el sacramento del Bautismo perdona todos los pecados, sin que permanezca nada que impida al hombre la unión con Dios. El Espíritu Santo se posa sobre Jesús y, desde Jesús, mana para todos los hombres como aliento divino que nos hace criaturas nuevas. La voz que proviene del cielo y que reconoce a Jesús como el Hijo, el amado, el predilecto, muestra la complacencia del Padre, que nos adopta como hijos suyos por la gracia: “Todo lo que aconteció en Cristo nos enseña que después del baño del agua, el Espíritu Santo desciende sobre nosotros desde lo alto del cielo y que, adoptados por la Voz del Padre, llegamos a ser hijos de Dios” (San Hilario).
Meditar sobre el Bautismo del Señor constituye una ocasión propicia para tomar conciencia de nuestra condición de bautizados, de discípulos de Cristo, a quien debemos escuchar y seguir, colaborando con nuestra respuesta libre a la acción de la gracia: “El bautismo seguirá siendo durante toda la vida un don de Dios, el cual ha grabado su sello en nuestra alma. Pero luego requiere nuestra cooperación, la disponibilidad de nuestra libertad para decir el „sí‟ que confiere eficacia a la acción divina” (Benedicto XVI, 7.1.2007).
Por el Bautismo, participamos del sacerdocio de Cristo, de su misión profética y real. Toda nuestra existencia debe convertirse en un sacrificio espiritual agradable a Dios, un sacrificio que se manifiesta en una conducta santa. Al igual que Jesús, que se somete enteramente a la voluntad del Padre, también nosotros debemos identificar, día a día, nuestra voluntad con la voluntad de Dios, transformando el egoísmo en entrega, el afán de dominio en servicio. En medio del mundo y de sus problemas, estamos llamados a anunciar a Jesucristo, Palabra de salvación para todos, creyentes y no creyentes. Venciendo en nosotros mismos el reino del pecado, construiremos una sociedad más justa, más amable y acorde con el Reinado de Dios.
Incorporados a la Iglesia, pasamos a ser miembros de la familia de Dios. Nuestra conciencia de bautizados es inseparable de nuestro sentido de pertenencia a la Iglesia: “La adopción como hijos de Dios, del Dios trinitario, es a la vez incorporación a la familia de la Iglesia, inserción como hermanos y hermanas en la gran familia de los cristianos. Y sólo podemos decir „Padre nuestro‟, dirigiéndonos a nuestro Padre celestial, si en cuanto hijos de Dios nos insertamos como hermanos y hermanas en la realidad de la Iglesia. Esta oración supone siempre el "nosotros" de la familia de Dios” (Benedicto XVI, 7.1.2007).
Los signos prodigiosos que acompañan el Bautismo de Jesús en el Jordán manifiestan el misterio del nuevo Bautismo. El cielo, que el pecado de Adán había cerrado, se abre, porque el sacramento del Bautismo perdona todos los pecados, sin que permanezca nada que impida al hombre la unión con Dios. El Espíritu Santo se posa sobre Jesús y, desde Jesús, mana para todos los hombres como aliento divino que nos hace criaturas nuevas. La voz que proviene del cielo y que reconoce a Jesús como el Hijo, el amado, el predilecto, muestra la complacencia del Padre, que nos adopta como hijos suyos por la gracia: “Todo lo que aconteció en Cristo nos enseña que después del baño del agua, el Espíritu Santo desciende sobre nosotros desde lo alto del cielo y que, adoptados por la Voz del Padre, llegamos a ser hijos de Dios” (San Hilario).
Meditar sobre el Bautismo del Señor constituye una ocasión propicia para tomar conciencia de nuestra condición de bautizados, de discípulos de Cristo, a quien debemos escuchar y seguir, colaborando con nuestra respuesta libre a la acción de la gracia: “El bautismo seguirá siendo durante toda la vida un don de Dios, el cual ha grabado su sello en nuestra alma. Pero luego requiere nuestra cooperación, la disponibilidad de nuestra libertad para decir el „sí‟ que confiere eficacia a la acción divina” (Benedicto XVI, 7.1.2007).
Por el Bautismo, participamos del sacerdocio de Cristo, de su misión profética y real. Toda nuestra existencia debe convertirse en un sacrificio espiritual agradable a Dios, un sacrificio que se manifiesta en una conducta santa. Al igual que Jesús, que se somete enteramente a la voluntad del Padre, también nosotros debemos identificar, día a día, nuestra voluntad con la voluntad de Dios, transformando el egoísmo en entrega, el afán de dominio en servicio. En medio del mundo y de sus problemas, estamos llamados a anunciar a Jesucristo, Palabra de salvación para todos, creyentes y no creyentes. Venciendo en nosotros mismos el reino del pecado, construiremos una sociedad más justa, más amable y acorde con el Reinado de Dios.
Incorporados a la Iglesia, pasamos a ser miembros de la familia de Dios. Nuestra conciencia de bautizados es inseparable de nuestro sentido de pertenencia a la Iglesia: “La adopción como hijos de Dios, del Dios trinitario, es a la vez incorporación a la familia de la Iglesia, inserción como hermanos y hermanas en la gran familia de los cristianos. Y sólo podemos decir „Padre nuestro‟, dirigiéndonos a nuestro Padre celestial, si en cuanto hijos de Dios nos insertamos como hermanos y hermanas en la realidad de la Iglesia. Esta oración supone siempre el "nosotros" de la familia de Dios” (Benedicto XVI, 7.1.2007).
Que el Señor, que nos ha bendecido con el sacramento del Bautismo, nos conceda
la perseverancia continua en el cumplimiento de su voluntad.
sábado, 30 de noviembre de 2013
EL ADVIENTO.
Significado
del Adviento
La palabra latina "adventus" significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.
El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia.
El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.
Esta es su triple finalidad:
- Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.
- Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la "presencia de Jesucristo" en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.
La palabra latina "adventus" significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.
El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia.
El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.
Esta es su triple finalidad:
- Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.
- Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la "presencia de Jesucristo" en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.
-
Preparar el futuro: Se
trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo
en la "majestad de su gloria". Entonces vendrá como Señor
y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que
han creido en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos
buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la
salvación y la vida eterna sin sufrimientos.
En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección:
Revisión: Aprovechando este tiempo para pensar en qué tan buenos hemos sido hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores que antes. Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo. Todos los días podemos y debemos ser mejores.
Proyección: En Adviento debemos hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta y hacer propósitos para evitar caer de nuevo en lo mismo.
Algo que no debes olvidar
El adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad.
El adviento es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor.
En el adviento nos preparamos para la navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como Rey de todo el Universo.
Es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo.
Es un tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas.
Cuida tu fe
Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.
De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad.
En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección:
Revisión: Aprovechando este tiempo para pensar en qué tan buenos hemos sido hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores que antes. Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo. Todos los días podemos y debemos ser mejores.
Proyección: En Adviento debemos hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta y hacer propósitos para evitar caer de nuevo en lo mismo.
Algo que no debes olvidar
El adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad.
El adviento es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor.
En el adviento nos preparamos para la navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como Rey de todo el Universo.
Es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo.
Es un tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas.
Cuida tu fe
Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.
De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad.
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